Sabemos que al dejar de fumar aparecen ciertos factores relacionados con la ansiedad que provocan que muchos suban de peso, pero la verdad es que tampoco es una regla, y ...
El tabaco favorece la aparición precoz de arrugas en la piel.
La definición «cara de fumador» designa el rostro de los adictos al tabaco, caracterizado por un color macilento y por las arrugas, más numerosas y profundas que las de los que no fuman. Los datos confirman que fumar envejece.
Fumar perjudica seriamente la salud. El papel del tabaco en la aparición de tumores como el de pulmón, laringe o vejiga, o en el desarrollo de enfermedades crónicas como la bronquitis y el enfisema, o en la evolución hacia el cáncer de la infección por virus papova del cuello de útero, está demostrado. Pero a la larga lista de perjuicios ya conocidos, se puede añadir, sin temor a exagerar, que el tabaco envejece. Aunque la industria tabaquera promociona imágenes de sofisticación, juventud y belleza, dos décadas de investigación han demostrado lo contrario: los fumadores tienen un envejecimiento facial acelerado y presentan mas arrugas que los no fumadores.
LAS ARRUGAS. Son una de las manifestaciones mas llamativas del envejecimiento cutáneo. Se originan en los gestos (las patas de gallo al reír o el ceño al enfadarse), por acción de la gravedad (los párpados caídos o la papada) o por la acción de dormir (las arrugas que atraviesan la frente de arriba a abajo). Todas van apareciendo con la edad, con pequeñas variaciones determinadas genéticamente. Pero, en ocasiones, pueden surgir de forma precoz o ser mas intensas de lo que correspondería a la edad del individuo.
Una de las causas del envejecimiento humano y, por tanto, de las arrugas es la acción de los radicales libres, sustancias químicas nocivas para las células. El hombre los produce internamente por el simple hecho de vivir. Muchos de los procesos metabólicos fisiológicos, como la digestión o patológicos, como la inflamación, dan lugar a ellos. El organismo está preparado para contrarrestar este proceso con sus propios recursos antirradicales libres. Unos son enzimáticos, como el superóxido dismutasa y otros no enzimáticos, como la vitamina C. Sin embargo, el ser humano no es capaz de sintetizar esta vitamina a partir de la glucosa, como hacen otros animales, ni puede almacenar grandes cantidades en su cuerpo, como ocurre con otras vitaminas como la A, que se acumula en el hígado. Por ello, es necesario ingerir de 60 a 140 mg todos los días.
Recientes trabajos publicados en el American Journal of Clinical Nutrition y en el Journal of the American Medical Association (JAMA) proponen actualizar la dosis mínima recomendada a 120 mg diarios frente a los 60 mg actuales, dados los beneficios que este aumento aporta a los enfermos crónicos. Sin embargo, para tener cubiertas sus necesidades mínimas de vitamina C, los fumadores necesitan dosis superiores (unos 200 mg al día).
EL TABACO. Además de favorecer el envejecimiento en general —los fumadores gastan mas antirradicales libres— el tabaco actúa directamente en el envejecimiento de la piel. Los datos sugieren que el riesgo de la aparición precoz de arrugas se multiplica por cinco si la piel se expone excesivamente a la acción del sol (el principal productor externo de radicales libres), por tres si está sometido al tabaco, y por 12 si se suman ambos factores.
Aunque esta relación entre arrugas y tabaco se intuía desde hace años, un reciente trabajo publicado en el Journal of Americam Academy of Dermatology, la ha confirmado. El estudio, en el que se analizó la piel a cuatro niveles distintos de 17 fumadores y de 14 no fumadores, demuestra un aumento significativo de elastosis —una alteración típica de la piel envejecida— en la dermis de los adictos al tabaco.
PREVENCIÓN. Conocer los perjuicios que ocasiona el tabaco, puede inducir a no fumar. Para ello, es necesaria la difusión pública de mensajes a este respecto. Sin embargo, la asociación entre el tabaco y el envejecimiento cutáneo es poco conocida.
Al menos, ese fue el resultado del seguimiento realizado por la Maine-wide Cooperative Telephone, y publicado recientemente en el Journal of American Academy of Dermatology. El estudio se basó en 678 entrevistas telefónicas, seleccionadas aleatoriamente en Maine (EEUU). Un 58% de los entrevistados fumaban al menos 100 cigarrillos a la semana, y un 24%, habitualmente fumaban más cantidad. Menos de la cuarta parte de los fumadores sabían (o habían recibido información escasa y poco documentada), que fumar provoca arrugas. Posiblemente, la introducción de datos de este tipo en las campañas para controlar el tabaquismo, deba ser considerada como una medida disuasoria muy útil, sobre todo, entre los más jóvenes.
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